La música le acompañaba cada día, prácticamente en cada momento, y aunque la relación no siempre era cordial, le gustaba sentir cómo los días adquirían un color añadido, más artificial y personal. A pesar de que nada de todo aquello le pertenecía, de alguna manera conseguía hacerlo suyo.
Era una experiencia única, trágica en la mayoría de los casos.
En este momento venía de la mano de una voz aguda, acompañada por un piano y un violín alternativamente. Pero la voz… La voz era la clave, al principio le había parecido demasiado estridente, pero una vez superado este primer momento había descubierto un nuevo órgano en su cuerpo. Solo ese timbre era capaz de activarlo, y ahora sus poros vibraban al son de su canción.
Le hablaba de muchas cosas, entre otras, de ese angustioso y dramático país desconocido, de una cultura diferente que sin saber muy bien porqué se le antojaba oscura y atrayente.
¿Cómo es posible dejar un momento así por unos apuntes incomprensibles y tan poco apetecibles?
¿Qué es un aprobado o un deber cumplido comparado con una experiencia como esta?
Debería de encontrar la forma de que amabas realidades fuesen más a menudo compatibles.
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