La música le acompañaba cada día, prácticamente en cada momento, y aunque la relación no siempre era cordial, le gustaba sentir cómo los días adquirían un color añadido, más artificial y personal. A pesar de que nada de todo aquello le pertenecía, de alguna manera conseguía hacerlo suyo.
Era una experiencia única, trágica en la mayoría de los casos.
En este momento venía de la mano de una voz aguda, acompañada por un piano y un violín alternativamente. Pero la voz… La voz era la clave, al principio le había parecido demasiado estridente, pero una vez superado este primer momento había descubierto un nuevo órgano en su cuerpo. Solo ese timbre era capaz de activarlo, y ahora sus poros vibraban al son de su canción.
Le hablaba de muchas cosas, entre otras, de ese angustioso y dramático país desconocido, de una cultura diferente que sin saber muy bien porqué se le antojaba oscura y atrayente.
¿Cómo es posible dejar un momento así por unos apuntes incomprensibles y tan poco apetecibles?
¿Qué es un aprobado o un deber cumplido comparado con una experiencia como esta?
Debería de encontrar la forma de que amabas realidades fuesen más a menudo compatibles.
martes, 16 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Un pequeño intento
Los pelos se le pusieron de punta. Era el momento en el que ella moría, aunque en realidad eso había pasado hace bastante tiempo.
La escena en la nieve. Ella con su gorro de lana blanca y unos labios rojos que contrastaban con el brillo de sus ojos, inusualmente negro y blanco.
Todo lo demás eran sensaciones.
Irene, sin ser él, podía sentirlas. El frío de la nieve, los dedos de los pies prácticamente inconscientes y mudos ante el frío.
Y entonces… el gran momento. La música de los violines se vuelve aun más aguda y conducir así en la noche empieza a convertirse en una temeridad. Por un momento vuelve a la realidad, o al menos eso parece a primera vista, porque la música le sigue trasportando, como si los compases que ella no entiende le acunasen a través de la noche.
Ahora la carretera, levemente iluminada por los faros del coche, parece un túnel sin fondo que le lleva a un mundo conocido y desconocido al mismo tiempo.
De repente, un destello más fuerte que el suyo propio le hace reaccionar bruscamente. Un coche sigue su camino por el carril izquierdo.
Por fin, la música del reproductor vuelve al lugar al que le corresponde, un segundo plano, sin confundir mundos ni entremezclar fantasías.
Esta va a ser una noche especial, se mire por donde se mire, y ella es consciente de ello.
El corazón le late levemente, de una manera fría y desesperada, demasiado cauto como para atreverse a esperar nada.
En pocos momentos volverá a ver esas caras que le acompañaron durante una de las etapas mas fantasiosas de su vida.
Personas que le atribuyeron un papel, que aunque ya superado en gran parte, le sigue atormentando. Posiblemente, por el miedo a descubrir que ante ellos es incapaz de interpretar otro.
Han pasado más de seis años, y el contacto desde entonces se reduce a las dos últimas semanas, cuando todo se planeó por una brillante idea.
Pensaba que a quien quería ver era a sus compañeros, los únicos a los que realmente ha sentido como tales. Pero sin embargo, desde que se insinuó la cena no ha hecho más que pensar en sí misma, en lo que ahora es, en lo que antes fue, y en si en verdad existe alguna similitud o diferencia.
Ahora parece que el cuerpo le pesa. A lo mejor no ha sido tan buena idea, tanta tensión difícilmente se va a ver recompensada.
Ojala la música no se hubiese ido, intenta volver a ella, pero todo resulta inútil. Parece ser que a esos caminos solo se llega por azar, y por mucho que lo intentes, no volverás a ellos de otra forma, no al menos con la misma intensidad. O quizá ese sea un problema solo de los no-músicos…
La escena en la nieve. Ella con su gorro de lana blanca y unos labios rojos que contrastaban con el brillo de sus ojos, inusualmente negro y blanco.
Todo lo demás eran sensaciones.
Irene, sin ser él, podía sentirlas. El frío de la nieve, los dedos de los pies prácticamente inconscientes y mudos ante el frío.
Y entonces… el gran momento. La música de los violines se vuelve aun más aguda y conducir así en la noche empieza a convertirse en una temeridad. Por un momento vuelve a la realidad, o al menos eso parece a primera vista, porque la música le sigue trasportando, como si los compases que ella no entiende le acunasen a través de la noche.
Ahora la carretera, levemente iluminada por los faros del coche, parece un túnel sin fondo que le lleva a un mundo conocido y desconocido al mismo tiempo.
De repente, un destello más fuerte que el suyo propio le hace reaccionar bruscamente. Un coche sigue su camino por el carril izquierdo.
Por fin, la música del reproductor vuelve al lugar al que le corresponde, un segundo plano, sin confundir mundos ni entremezclar fantasías.
Esta va a ser una noche especial, se mire por donde se mire, y ella es consciente de ello.
El corazón le late levemente, de una manera fría y desesperada, demasiado cauto como para atreverse a esperar nada.
En pocos momentos volverá a ver esas caras que le acompañaron durante una de las etapas mas fantasiosas de su vida.
Personas que le atribuyeron un papel, que aunque ya superado en gran parte, le sigue atormentando. Posiblemente, por el miedo a descubrir que ante ellos es incapaz de interpretar otro.
Han pasado más de seis años, y el contacto desde entonces se reduce a las dos últimas semanas, cuando todo se planeó por una brillante idea.
Pensaba que a quien quería ver era a sus compañeros, los únicos a los que realmente ha sentido como tales. Pero sin embargo, desde que se insinuó la cena no ha hecho más que pensar en sí misma, en lo que ahora es, en lo que antes fue, y en si en verdad existe alguna similitud o diferencia.
Ahora parece que el cuerpo le pesa. A lo mejor no ha sido tan buena idea, tanta tensión difícilmente se va a ver recompensada.
Ojala la música no se hubiese ido, intenta volver a ella, pero todo resulta inútil. Parece ser que a esos caminos solo se llega por azar, y por mucho que lo intentes, no volverás a ellos de otra forma, no al menos con la misma intensidad. O quizá ese sea un problema solo de los no-músicos…
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